Por Xabier García
No es extraño, a día de hoy, que las mujeres conozcan, aunque sea de casualidad y de manera superficial, una parte muy importante, crucial, de la historia femenina: que una vez ellas fueron ‘veneradas’ y tratadas con un respeto difícil de encontrar en la actualidad con los vestigios del obsoleto sistema patriarcal todavía persistentes, que la mujer, al contrario de lo que piensan algunas personas a fuerza de la costumbre no fue siempre la esclava del hombre. Este asunto, de vez en cuando, se suele mencionar de forma distendida en charlas informales, entre amigos, de forma puramente anecdótica como quien compara el transporte a caballo con el transporte motorizado.
Con poco o nulo interés. Pero este tema encierra el relato de cómo la mujer pasó de ser una figura de respeto, venerada, una figura hegemónica en la familia, a poco más que un objeto al servicio del hombre, unas historia desconocida para muchas mujeres y al igual que sucede con la Historia en general, debe ser escuchada para descubrir su pasado y a su vez, poder avanzar, no repetir errores y localizar claves del problema. No se alejen tampoco los hombres ya que ellos no pueden tapar sus oídos y permanecer ajenos a esta cuestión.
Este triste relato es expuesto con claridad en la obra de Friedrich Engels El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado, obra en la que se realiza un repaso de distintas épocas de la Historia mostrando el papel de estos elementos en la evolución histórica. Resumido y simplificado, pues ha de estar al alcance de todos, comenzaría así:
Nos situamos en un momento donde imperaba la familia por grupos, poligámica, y donde ya no se toleraban las relaciones entre individuos con parentesco, lo que dio origen a la gens. Dicha poligamia entre los dos sexos no permitía señalar al padre de los hijos, lo que otorgaba especial relevancia a la mujer, la única progenitora reconocible. Este hecho significaba que la gens tenía como tronco común la madre, la única de la que los hijos heredaban, haciendo más notable esa relevancia en la familia, hasta el punto de que ella era la persona que dirigía la comunidad, la figura que más respeto y veneración recibía en la gens. Ocupaba el primer lugar.
Estas comunidades practicaban el comunismo primitivo, todo era colectivo, no existía la propiedad y todos aportaban a un fondo común. La división del trabajo se basaba en sexos: los hombres se dedicaban a obtener los medios necesarios para la alimentación y las mujeres realizaban tareas domésticas, cada uno siendo el amo en su ‘terreno’. Esta división del trabajo podría definirse, más o menos, como ‘natural’ dada la relevancia de la mujer en la casa (por ello se dedicaba a las labores del hogar) y puesto que el hombre que no contribuyese como debiere al fondo común podía ser expulsado de la comunidad si así la mujer lo decidía, obligándolo a volver a su gens.
Sin embargo, la familia por grupos cambió. A pesar de la poligamia, existía la costumbre de elegir entre el grupo un esposo o esposa principal. Esta costumbre sumada a cuestiones económicas y amén de otros factores, condujeron a la familia sindiásmica, donde la mujer pasó a tener un único esposo, al que le era fiel, aunque el esposo podía practicar la poligamia y la infidelidad. Así pues, aparecía un padre y los dos progenitores eran reconocibles. Mas no llegó la pérdida de la hegemonía femenina de ahí.
Al mismo tiempo, comenzaba un importante desarrollo económico. La ganadería y la agricultura aparecían y junto con otros adelantos la fuerza de trabajo del hombre comenzó a producir un excedente importante. Esto permitió la esclavitud, que ahora era ‘rentable’. Pero también motivó algo más. No se sabe exactamente cuándo, los ‘productos’ del desarrollo económico como el ganado y los esclavos empezaron a ser propiedad particular de las familias, dejaron de ser colectivos, desapareciendo el ‘hogar comunista’. Nacía así, para desgracia de la Humanidad, la propiedad privada de los medios de producción.
Y así llegó la pérdida de la hegemonía femenina: el hombre, como la anterior división del trabajo por sexos dictaba, controlaba estas propiedades. Pero existía un problema: el derecho materno y la gens. Las propiedades de la gensdebían permanecer en la gens lo que impedía que los hijos, ahora reconocibles, del padre heredasen de él pues el derecho materno lo obstaculizaba. Los hijos pertenecían a la gens de la madre y no la del padre lo que quería decir que si heredasen del padre recibirían propiedades de otra gens distinta. De esta forma, los bienes del padre se repartían entre sus familiares de la misma gens, hermanos, padres… ¿Cuál fue la solución? Acabar con el derecho materno en beneficio del derecho paterno. Los hijos pasaron a heredar del padre que se convirtió en el patriarca, en la principal figura de autoridad en la familia, basándose la gens en el patriarcado, destruyendo la ‘hegemonía’ femenina. El hombre pasó a ocupar el primer lugar y la mujer perdió todo su poder anterior. El nuevo papel de la mujer se puede sintetizar en este fragmento de la obra de Engels:
"El derrocamiento del derecho materno fue la gran derrota histórica del sexo femenino en todo el mundo. El hombre empuñó también las riendas en la casa; la mujer se vio degradada, convertida en la servidora, en la esclava de la lujuria del hombre, en un simple instrumento de reproducción. Esta baja condición de la mujer, que se manifiesta sobre todo entre los griegos de los tiempos heroicos, y más aún en los de los tiempos clásicos, ha sido gradualmente retocada, disimulada y, en ciertos sitios, hasta revestida de formas más suaves, pero no, ni mucho menos, abolida."
Ya sabemos de dónde parte nuestra sociedad en este ámbito. Cómo se inició la etapa de dominación masculina sobre la mujer. Ahora, con las ruinas del sistema patriarcal todavía visibles, debemos ocuparnos de destruir ese monumento al atraso, ese edificio al que algunos sectores le colocan ‘apaños’ para evitar su derrumbe. Concluyamos este artículo con la acertada sentencia de Engels:
"Esto demuestra ya que la emancipación de la mujer y su igualdad con el hombre son y seguirán siendo imposibles mientras permanezca excluida del trabajo productivo social y confinada dentro del trabajo doméstico, que es un trabajo privado. La emancipación de la mujer no se hace posible sino cuando ésta puede participar en gran escala, en escala social, en la producción y el trabajo doméstico no le ocupa sino un tiempo insignificante."
Fuente: Kaos en la Red


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